«Y otro crimen quedará sin resolver «: La casa de Cerati y el escalofriante misterio descubierto

Una historia que suena a rock triste y crónica roja. Porque mientras demolían la vieja casa de Gustavo Cerati en el barrio de Coghlan, donde vivió a principios de los 2000, los trabajadores encontraron algo que no estaba en los planos: huesos humanos. Relojes. Tesoros rotos de una historia aún más rota. Como si debajo del cemento hubiese estado esperando no un fantasma, sino un coro sin resolver.

¿Qué otra cosa puedo hacer?
Si no olvido, moriré,
y otro crimen quedará,
otro crimen quedará,
sin resolver.

La propiedad, antes de ser refugio del ex Soda Stereo, había sido iglesia. Luego, geriátrico. Y ahora… escena del crimen. O eso parece. Porque la fiscalía argentina no ha descartado nada. El hallazgo paralizó las obras y abrió una caja de Pandora de sospechas, rumores y preguntas.

Una rápida traición,
salimos del amor,
tal vez me lo busqué.
Mi ego va a estallar.
Ahí donde no estás…

Y es ahí donde no está Cerati, donde ya no está la música, ni las paredes, ni el eco, donde está el verdadero misterio. Porque más allá de los acordes, lo que vibra ahora es otra cosa: el desconcierto.

Y otro crimen quedará,
otro crimen quedará,
sin resolver.

¿Coincidencia? ¿Destino? ¿Guión perfecto para una película que aún no hemos escrito?

Ojo. Porque tal vez Cerati siempre nos estuvo contando algo más. Quizás “Crimen” no era solo una metáfora del amor roto, sino un presagio. Un mensaje entrelíneas. Una confesión velada que solo ahora entendemos.

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