No todo es carreta electoral. La exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, aterrizó en Cúcuta como parte de su gira “La Imparable” y sorprendió con algo más que discurso: compartió pastel de garbanzo, soltó pullas sobre los red flags de esta campaña presidencial y se echó una charla bastante honesta sobre lo que ha hecho —y quiere hacer— por Norte de Santander.
Y sí, grabamos el reel. Más abajo lo vas a poder ver, para que saques tus propias conclusiones.
Lo que se dijo, sin filtro
Claudia no se guardó nada. Durante la entrevista, dejó claro que está preocupada por el rumbo que ha tomado la conversación política en Colombia. Según ella, estamos llenos de candidatos que prometen el cielo, pero no entienden ni cómo funciona el acueducto. Su frase más directa: “el país no necesita redentores, necesita gerencia con pies en la tierra”.
Y a pesar de las críticas que siempre le caen por redes, la precandidata respondió con una mezcla de humor ácido y datos duros. Mencionó que, como senadora y luego alcaldesa, empujó iniciativas claves en seguridad ciudadana, derechos LGBTI, políticas de género y lucha contra la corrupción, pero que el reto ahora es aún mayor: descentralizar el poder y apostarle a las regiones, como Norte de Santander.
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¿Y sobre el carbón? También habló
No esquivó el tema. Dijo que la transición energética no puede hacerse a punta de decreto ni dejando a la gente sin trabajo. Que el carbón sigue siendo una fuente clave de ingresos para la región y que el cambio debe ser “justo, realista y planeado”. También aseguró que no se trata de apagar minas de un día para otro, sino de construir alternativas sólidas y sostenibles que le den a la región autonomía y futuro.
Lo que propone (y no suena tan mal)
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Transición energética sin improvisación.
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Impulso al agro con visión industrial.
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Educación técnica para el empleo real.
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Más inversión local, menos centralismo.
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Una campaña sin red flags ni promesas imposibles.
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Una conversación tan fresca como el pastel que nos estábamos comiendo. Política sin máscara, sin teleprompter, sin ensayo.
¿Qué dejó su visita?
Una sensación rara: entre la nostalgia de quien ya gobernó y el empuje de quien aún quiere cambiar las cosas. Se bajó del pedestal, caminó por la ciudad, habló con la gente, escuchó. No sabemos si será presidenta, pero sí nos dejó claro que está jugando en serio.
Y eso, en medio del circo electoral que apenas comienza, ya es decir bastante, en un territorio que seguramente la va a recordar con expectativa positiva, y que desde ya, deja buenas sensaciones.





